Relato: La Chica Bicho

Tiempor aproximado de lectura: 3 min.

     —¡Jessica, detente por favor, esta locura debe terminar ahora! ¡Esa droga rejuvenecedora aún es experimental y no debiste abusar de ella! —dijo el científico que se encontraba herido y tumbado en el suelo.

     El pobre hombre agitaba una de sus manos tratando a la vez de ocultar con ella lo que acontecía ante sus ojos: una joven mujer se transformaba, mediante una dolorosa metamorfosis, en un horrible bicho que se asemejaba a una avispa. El resultado, más que terrorífico, le pareció jocoso a la escasa audiencia que observaba aquella película de mala calidad en  función de preestreno. Todo era tan ridículo que algunos hasta prorrumpieron en carcajadas.

    Con aquel doloroso recuerdo, sobre otro de sus tantos fracasos fílmicos, despertó Brenda Watson de un leve trance. Se estaba preparando para entrar en escena y de pronto se había quedado estática, observándose en el espejo como si estuviese frente a una extraña. No podía creer que su apodo de Chica Bicho, adquirido por su consuetudinaria participación en películas de horror y ciencia ficción relacionadas con todo tipo alimañas e insectos, había dado por fin el giro necesario para «rescatar» su carrera.

     —Cinco minutos para comenzar, señorita Watson —le advirtió el asistente tras la puerta de su camerino.

     —¡Entendido! —respondió ella con la voz temblorosa.

     De nuevo la duda invadió su mente. ¿Había tomado la decisión correcta? Recordó lo mucho que dudó antes de aceptar el papel de Harriet, en la película Inteligencia Colectiva que trataba sobre una adolescente nerd, aficionada a la entomología, que tras descubrir su capacidad para controlar la mente de las moscas se vale de dicho poder para cobrarse, letalmente, los abusos y las burlas que los bravucones y las chicas populares de su escuela cometen contra ella. Esa sí que fue una buena película, quizá la única buena. Fue un éxito de taquilla que constituyó su salto a la fama.

     La secuela también fue buena, al menos en términos económicos, pero la crítica le lanzó tantas injurias como las moscas que quedaban atoradas en las gargantas de las víctimas de Harriet. Aparte de encasillar a Brenda en ese tipo de papeles, aquel supuesto éxito la arrastró al lado oscuro de la farándula: comenzó a ir a fiestas, hizo amigos influyentes, se inició en las drogas, en el alcohol y en el sexo en orgías. Para mantener su estilo de vida tuvo que aceptar muchos papeles dudosos en películas estúpidas que se salían por completo de la tangente. De pronto, fue vista como una actriz de segunda, la Chica Bicho, una víctima más de los caprichos de Hollywood.

     —¡A escena, señorita Watson!

     Mientras se dirigía al set pensó en la peor parte de su vida, quizá para darse un poco de ánimos para seguir en lo que estaba. No se sentía orgullosa de sus dos arrestos: uno por conducir ebria y el otro por posesión de drogas; ni de las tantas veces que ingresó a rehabilitación. Se le erizó la piel al recordar los niveles de pobreza que alcanzó, como cuando tenía que pasarse las tardes de supermercado en supermercado, alimentándose con las muestras gratis de los productos alimenticios que se encontraban en promoción. El lugar en el que estaba ahora era, sin duda, mucho mejor. No podía volver a dedicarse a firmar autógrafos en las convenciones para frikis,  ni  a hacer presentaciones en las fiestas de cumpleaños de niños consentidos, fungiendo como payasa. ¡No! Ahora contaba con un sentimiento parecido a lo ella recordaba como dignidad.

     El director hizo las presentaciones entre Brenda y el compañero con el que le tocaba trabajar. A este último se le iluminaron los ojos al verla y la saludó con un estrechón de manos y una sonrisa. «Al menos la gente de este medio es muy amable», pensó Brenda, antes de quitarse la bata.

     —Recuerda, Brenda, actúa natural, simplemente déjate llevar —dijo el director.

     Brenda asintió a regañadientes: aquello de «actúa natural» parecía la única instrucción que los directores de aquel tipo de películas sabían dar. Segundos después suspiró, y no supo si reír o llorar al imaginar que quizá en algún futuro harían un documental de su vida.
 
     —¿Todos listos? —preguntó el director.

     El encargado asomó la claqueta frente a la cámara y leyéndola dijo: «La chica bicho en Nueva York, de Walter Gordon, escena 45, toma 3».

    — ¡Luces, cámara… acción!

    —¿Y por qué te dicen la Chica Bicho?

    —¡Umh! Creo que se debe a mi adicción por mamar estos enormes y suculentos gusanos —respondió Brenda con una voz lasciva,  ya interpretando al personaje de Hardiet, una parodia pornográfica del que la hizo famosa. Luego se inclinó y se metió la verga de su compañero en la boca.

4 comentarios:

  1. 1duende dijo...

    UFFF, qué final!!! No me lo esperaba!!

  2. Pues esa fue mi intención cuando lo escribí: que el final fuera, más o menos, sorpresivo. Mil gracias por tomarte el tiempo de leer varios relatos de mi blog y comentarlos, 1duende.

  3. Siii un final inesperadooo salaudoos Lester desde Peru y agradecerte por dejarme leerte unos minutoos y si voy a experimentar algo nuevo en mi Vida. Soy Caro. Hasta Pronto

  4. Jajaajajaja... No es un mal final, ni mucho menos, peor es andar con las drogas y el hambre.
    Muy entretenido, Lester, que al fin y al cabo es lo que buscamos los lectores. Gracias por compartir.
    Un saludo.

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